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Agudo del Miocardio, Infarto del Miocardio
Los ataques cardiacos se producen cuando se reduce severamente o se interrumpe el flujo de
sangre a una porción del corazón. El resultado es la muerte de las células del
músculo cardiaco (lo que se conoce como infarto).
¿Cuáles son los síntomas?
El primer síntoma de un ataque cardiaco es por lo general un dolor agudo u opresivo en
el pecho que puede irradiarse a la espalda, la mandíbula o el brazo izquierdo. La
molestia puede ser leve o intensa. Aproximadamente el 20% de los ataques cardiacos son
silenciosos (es decir, no producen síntomas y pueden, por lo tanto, pasar
desapercibidos). Las personas mayores pueden experimentar falta de aire. También pueden
presentarse náusea y vómito. Es común que haya inquietud, palidez, angustia y
sudoración.
¿Cómo se trata?
El cincuenta por ciento de las muertes por ataque cardiaco se producen en las tres a cuatro
horas posteriores al inicio de los síntomas. Por lo tanto, el retraso en el tratamiento
puede ser mortal. El tratamiento óptimo y temprano de los ataques cardiacos incluye la
administración intravenosa de medicamentos trombolíticos (que disuelven los
coágulos), como streptokinase (Kabikinase®, Streptase®), anistreplase
(Eminase®) o reteplase (Retavase®). Otros agentes trombolíticos son heparin,
hirudin (Hirulog™), abciximab (ReoPro®) y tirofiban (Aggrastat®). Los
bloqueadores beta, como atenolol (Tenormin®), metoprolol (Lopressor®) e
isoproterenol (Isuprel®) pueden reducir el riego de arritmias potencialmente mortales. A veces se
emplean también inhibidores de la ECA, como captopril (Capoten®), lisinopril
(Zestril®, Prinivil®) y enalapril (Vasotec®), además de vasodilatarores
como nitroglycerin (Nitrobid®, Nitro-Dur®).
Muchos hospitales llevan a cabo un procedimiento llamado angioplastía cardiaca
transluminal percutánea primaria (PTCA) para despejar las arterias bloqueadas. Algunas
personas pueden beneficiarse más con este procedimiento que con la administración de
agentes trombolíticos.
Suplementos nutricionales que pueden ser beneficiosos
- Carnitina (De 2 a 6 gramos
diarios): Este aminoácido es importante para transportar grasas que pueden convertirse en
energía en el corazón. Varios estudios han observado que tomar L-carnitina
incrementa las oportunidades de sobrevivir a un ataque cardiaco.
- Vitamina C (De 100 a 200 mg de
vitamina C al día, de la comida o de suplementos): Se ha visto que la vitamina C protege
los vasos sanguíneos de problemas asociados con el riesgo de ataques cardiacos de
diversas maneras. Sin embargo, las investigaciones que han tratado de relacionar a la vitamina
C directamente con una protección contra los ataques cardiacos no son concluyentes. La
razón de esta discrepancia parece estar relacionada con la cantidad de vitamina C en
cuestión. Las deficiencias verdaderas o marginales de vitamina C parecen aumentar el
riesgo de padecer ataques cardiacos. Sin embargo, en pruebas en las que se compararon los
niveles adecuados de vitamina C con otros más elevados, la vitamina C adicional no
pareció brindar ningún efecto protector.
- Magnesio (Intravenoso,
inmediatamente después de un IAM): Los resultados de las pruebas son contradictorios;
consulte a su cardiólogo.
Hierbas que pueden ser beneficiosas
- Astrágalo (Astragalus
membranaceus): Estudios clínicos preliminares en China sugieren que el
astrágalo puede ser benéfico para aquellos que ya han sufrido un ataque cardiaco, o
para quienes tienen angina de pecho.
Cambios en la dieta que pueden ser beneficiosos
- Consumir la grasa adecuada: Consumir alimentos ricos en grasas saturadas
(carne y grasas de la leche) y ácidos grasos trans (como la margarina, los aceites
vegetales hidrogenados y muchos alimentos procesados que contienen aceites vegetales
hidrogenados) puede incrementar el riesgo de padecer un ataque cardiaco. Por otra parte,
consumir alimentos altos en grasas monoinsaturadas (como el aceite de oliva) y grasas
poliinsaturadas (como las de las nueces y la mayor parte de los aceites vegetales) puede
reducir el riesgo.
- Consumir nueces: Las investigaciones arrojan resultados uniformes que
muestran que las personas que consumen nueces con frecuencia (almendras y nueces) tienen un
menor riesgo de padecer enfermedades cardiacas. Las avellanas y los pistaches también
podrían ayudar a reducir el colesterol.
- Comer pescado: Varios estudios han encontrado que consumir pescado reduce
la cantidad de muertes debidas a ataques cardiacos, así como la cantidad de infartos,
aunque algunos investigadores no han confirmado estas observaciones. La relación entre
consumir pescado y la prevención de los ataques cardiacos se apoya en las investigaciones
que han demostrado que los suplementos de aceite de
pescado ayudan a aliviar la
aterosclerosis.
- Evitar el huevo: En algunos estudios, aunque no en todos, se ha
encontrado que la gente que come huevo tiene más probabilidades de morir de cualquier
tipo de enfermedades cardiacas, incluyendo ataques cardiacos.
- Consumir una dieta rica en fibra: La fibra soluble en agua (abundante en
la avena, las semillas de Psyllium, la fruta, las
verduras y las leguminosas) puede reducir el riesgo de padecer ataques cardiacos,
probablemente porque esta fibra reduce el colesterol. La fibra que no es soluble (como la del
cereal y la cascarilla del Psyllium) puede ofrecer aún mayor protección, aunque los
científicos todavía no entienden por qué. Hasta que los detalles se comprendan
mejor, los médicos con frecuencia recomiendan aumentar el consumo de frutas, verduras,
frijoles, avena y cereales enteros.
- Consumir alcohol con moderación: La mayor parte de los estudios
confirma que un consumo leve a moderado de alcohol (de una a tres copas diarias) reduce
considerablemente el riesgo de sufrir ataques cardiacos, en comparación con quienes no
beben o lo hacen en exceso. A pesar de este efecto saludable, el consumo de alcohol puede
provocar enfermedades hepáticas,
cáncer, presión arterial elevada,
alcoholismo, y, si se toma en exceso, incrementa también el riesgo de padecer ataques
cardiacos. Para decidir si un consumo moderado de alcohol puede beneficiarlas o no, las
personas con un riesgo elevado de padecer ataques cardiacos deben consultar a su
médico.
- Evitar el café Se ha demostrado que beber cinco tazas o más de
café al día aumenta el riesgo de padecer ataques cardiacos no mortales, tanto en
hombres como en mujeres.
- Reducir el consumo de sal: Entre las personas con sobrepeso, un
incremento en el consumo de sal aumenta el riesgo de muerte por ataque cardiaco.
- Limitar el consumo de azúcar: Comer demasiada azúcar puede
reducir el colesterol de HDL ("bueno"), incrementar los triglicéridos y aumentar otros
factores de riesgo ligados a los ataques cardiacos.
Cambios en el estilo de vida que pueden ser beneficiosos
- Dejar de fumar: Fumar aumenta el riesgo de un primer ataque cardiaco en
más de 100% en algunas personas. El humo del cigarro inhalado como fumador pasivo aumenta
el tamaño de los infartos en animales y afecta a las funciones cardiacas y la tolerancia
al ejercicio en quienes sobreviven al ataque, de modo que debe evitarse.
- Ejercicio: En la mayor parte de los estudios, el ejercicio regular o
moderado redujo el riesgo total de sufrir ataques cardiacos. En aquellas personas con riesgo
de sufrir ataques cardiacos es preferible un ejercicio moderado que excesivo. Cualquier
persona con un padecimiento del corazón o mayor de 40 años debe consultar a un
médico antes de comenzar un programa de ejercicios.
- Pérdida de peso: La
obesidad se asocia con un mayor riesgo de padecer ataques cardiacos, en particular entre la
gente joven. Los médicos aconsejan a las personas en riesgo de sufrir ataques cardiacos y
obesas que recuperen su peso normal.
- Reducción del estrés: El comportamiento tipo A (siempre
preocupado por el reloj, impaciente y agresivo) se ha relacionado con un incremento en el
riesgo de sufrir ataques cardiacos en algunos estudios, pero no en todos. La ayuda
psicológica dirigida a modificar el comportamiento tipo A puede reducir el riesgo de
ataques cardiacos.
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La información que se presenta en Healthnotes tiene carácter
meramente informativo. Está basada en estudios científicos (ya sea en humanos,
animales o in vitro), en experiencia clínica o en el uso tradicional, como se cita en
cada artículo específico. Los resultados que se mencionan podrían no
presentarse necesariamente en todas las personas. Muchas de las enfermedades que se describen
pueden tratarse también con medicamentos, ya sea que requieran receta o no. En caso de
tener algún problema de salud y antes de utilizar cualquiera de los suplementos o de
hacer algún cambio en los medicamentos que se le hayan recetado, consulte a su
médico o a su farmacéutico. La información está vigente hasta julio de
2004.